La calle vacía.
Escuche el ruido de la puerta siendo golpeada desde el lado de afuera; un golpe, suave, y después otro, paciente. La puerta de chapa negra que da la calle, directamente a la vereda, sin patio delantero o una reja que separe el exterior de lo interno, quedando libre de ser golpeada por quien fuera, a la hora que fuera, con la intención que fuera. Suelo desvelarme con facilidad. Hay veces que simplemente el sueño no llega, y otras que duermo, una, dos horas, y me despierto para no volver a dormir en quizás un día entero, a veces más, a veces menos. Recuerdo esa noche y el retumbar del sonido en la puerta haciendo eco en el silencio de la noche en la ciudad dormida. Recuerdo estar leyendo, recostado ya en la cama, esperando que el sueño se apodere de mí, si es que aparecía. Recuerdo el vaso vacío que yacía sobre la mesita de luz, esperando a ser rellenado de algún líquido amarillento, o tal vez transparente; no me importaba mucho el color, ni si era barato. El alcohol y el tabaco sol...