Una noche más de insomnio.
Siempre me gustó caminar en el frío de la noche, despacio y sin apuro. Me fui sacudiendo la culpa a medida que me alejaba. Deje lo más rápido que pude el lugar, sin darle importancia a nada. Solo me fui, dejando atrás a un hombre que ya no existe y a un cuerpo vacío rodeado de flores. L a luz blanca que iluminaba el lugar me helaba la piel y las plantas de plástico que simulan vida me parecieron absurdas. En el silencio se podía escuchar a la muerte riéndose de la angustia que sienten los vivos. – En algún momento, todo se va, todo vuelve a su lugar – Pensé. En esta vida incongruente, mi comodidad está en el triste eco de la soledad. Siempre me veo obligado a recaer en el sentimiento de domingo que tanto incomoda en la ciudad gris, plana y fría en la que vivía. – A veces es necesario escapar cuando todo a tu alrededor se rompe – Me dije, tratando de no llorar. Mi sombra se estiraba y se achicaba, se deformaba, se escondía, hasta ella me soltó la mano. Mi mente iba y venía también, si...